Volver
Volver... Miguel se preguntaba si despues de una etapa de total apatía y desconsuelo marcado por un desengaño las cosas volverían a su sitio.
Más tarde se miró al espejo y vió que el tiempo no había pasado porque sí, sino que a pesar de unas canas más y alguna pequeña arruga que se perfilaba en su ceño, había aprendido a observar. Apenas si habían pasado unos meses y su vida estaba dando un giro, lento, pero al menos ya no se movía en círculos concéntricos, dentro de una espiral mareante. Encontró la salida en uno de ellos y sin apenas darse cuenta la había atravesado. Le resultó curioso, chocante y hasta divertido; bien es cierto que a veces el circulo pretendia envolverlo de nuevo y también es cierto que cada vez le costaba menos huir de la trampa. "¿ Aún quedará mucho tiempo para que esta puerta quede cerrada?" y reia a carcajada limpia. Aquello que estaba en el pasado y que tanto daño le había causado ya simplemente le sonaba a cristales rotos de alguna lejana ventana de su cerebro. No claro que no merecía la pena volver, volver a qué. "Tengo un extraño futuro por delante, dejé el lastre, bien , reconozco que aun tengo que tirar algunas piedras, pero ya solo son chinitas del camino, unas semanas más y me las quito de encima." Y es que todo este tiempo le sirvió para observarse más a si mismo.
Aprendió que nada que se cierra merece la pena volver a abrirse, que la vida da oportunidades y que ya había perdido muchas. Miraba el futuro incierto y esperanzado a un tiempo. Por primera vez en su vida ya no tenía prisa. Los problemas vienen sólos y así mismo se evaporan en el aire. Madurez, sensatez, si aún era joven para conjugar esas dos palabras, lo que estaba más claro que el agua es que ya podía ver la luz, aunque solo fuera por una rendija y que esa rendija a medida que pasaban las horas se hacía más y más grande y se sorprendío de lo grande que se puede hacer y de todas las cosas que no pudo observar antes.
Oh, amor,
se ha presentado el mundo ente ti
en forma de mujer,
y tú,
¿no estabas entrenandote con los espejos
para hacerte perfecto?"
Lehonard Cohen. La energía de los esclavos.
Que extraña casualidad la que le llevó a leer este poema. Efectivamente, la interpretación del mismo no tenía nada que ver con su situación, pero por otro lado su lectura en ese mismo instante resultó crucial, la interpretó como a él le vino. Y se dió cuenta de muchas , muchas cosas de las que no era consciente...
Más tarde se miró al espejo y vió que el tiempo no había pasado porque sí, sino que a pesar de unas canas más y alguna pequeña arruga que se perfilaba en su ceño, había aprendido a observar. Apenas si habían pasado unos meses y su vida estaba dando un giro, lento, pero al menos ya no se movía en círculos concéntricos, dentro de una espiral mareante. Encontró la salida en uno de ellos y sin apenas darse cuenta la había atravesado. Le resultó curioso, chocante y hasta divertido; bien es cierto que a veces el circulo pretendia envolverlo de nuevo y también es cierto que cada vez le costaba menos huir de la trampa. "¿ Aún quedará mucho tiempo para que esta puerta quede cerrada?" y reia a carcajada limpia. Aquello que estaba en el pasado y que tanto daño le había causado ya simplemente le sonaba a cristales rotos de alguna lejana ventana de su cerebro. No claro que no merecía la pena volver, volver a qué. "Tengo un extraño futuro por delante, dejé el lastre, bien , reconozco que aun tengo que tirar algunas piedras, pero ya solo son chinitas del camino, unas semanas más y me las quito de encima." Y es que todo este tiempo le sirvió para observarse más a si mismo.
Aprendió que nada que se cierra merece la pena volver a abrirse, que la vida da oportunidades y que ya había perdido muchas. Miraba el futuro incierto y esperanzado a un tiempo. Por primera vez en su vida ya no tenía prisa. Los problemas vienen sólos y así mismo se evaporan en el aire. Madurez, sensatez, si aún era joven para conjugar esas dos palabras, lo que estaba más claro que el agua es que ya podía ver la luz, aunque solo fuera por una rendija y que esa rendija a medida que pasaban las horas se hacía más y más grande y se sorprendío de lo grande que se puede hacer y de todas las cosas que no pudo observar antes.
Oh, amor,
se ha presentado el mundo ente ti
en forma de mujer,
y tú,
¿no estabas entrenandote con los espejos
para hacerte perfecto?"
Lehonard Cohen. La energía de los esclavos.
Que extraña casualidad la que le llevó a leer este poema. Efectivamente, la interpretación del mismo no tenía nada que ver con su situación, pero por otro lado su lectura en ese mismo instante resultó crucial, la interpretó como a él le vino. Y se dió cuenta de muchas , muchas cosas de las que no era consciente...





