lunes, 23 de febrero de 2009

Dulces sueños mi Danita...

Dicen que los perros se parecen a sus amos y que por simpatía los amos adoptan características y actitudes de sus perros. Yo no sabría decir en este caso quien se parecia más a quien, si Dana a mi o yo a ella.

Pero lo que estaba claro es que lo mío fue pura camotería.

Dana nació el 20 de febrero del año 1998.

Su dueño, Cesar, la dejó para criar, pero yo quería un perro, lo quería de esa raza y lo quería hembra. Ese mismo verano, en julio, la perrita tenía 6 meses y un día ví que la llevaban de paseo. Hablé con Cesar, hablé con mis padres, di una primera parte del pago y 10.000 pts más para que me la reservara hasta final de verano de modo que yo pudiera convencerles, sobre todo a mi madre.

En septiembre Dana ya empezó a formar parte de la familia y lo cierto es que era un cielo de perra por mucha raza y mucho pedigrí de perro de presa -perro asesino ( según la prensa amarilla) también les llamaban- nunca me dió problema alguno ni con personas, ni con niños, ni con ancianos, ni con otros animales... ¡ahora si me tenía que defender lo hacía a muerte! y eso sólo ocurrió cuando tenía 7 meses y me agredieron ( gentucilla de Lo Campano ) para quitarmela y ella puso orden por medio. Ni que decir tiene que la policia llegó cuando ya había terminado todo, algo muy normal en ellos. Aunque en aquella época el robo de perros de presa para peleas clandestinas era lo más habitual y los municipales deberían haber actuado con más rapidez.

En resumidas cuentas: UN JUICIO EN EL QUE TANTO YO COMO MI NENA SALIMOS GANADORES.

Terminó el verano. Yo me fui a hacer la carrera a Murcia y ella se vino conmigo; era lo que se dice mi compañera de piso. Bueno, más que eso, porque encima me protegía. Tuve problemas porque la gente nos llamaba asesinas, más a mi que a ella, cosa que yo solucionaba con un simple: "el perro no le ha hecho nada ¿verdad? ni siquiera le dirijió la mirada. Así que se mete su "asesina" por el culo"... y bueno, a partir de ahí fuí enriqueciendo mi vocabulario de insultos varios, según el tipo de persona, edad, clase social o modos en que la palabra "asesina" eran proclamados con un tono de voz u otro.

Vamos, gracias a la perra me saqué la 'Cátedra en Defensa de mi Animal de Compañía'. Hacíamos un buen equipo: ella me defendía a mi y yo a ella cuando -gracias a la prensa amarilla, sensacionalista, "criminales de mierda" de los mass-media- se generó en España una fobia masiva hacia los animales de determinada raza, peso y tamaño en la que pagamos justos por pecadores y todo ello, por supuesto, consentido por el Gobierno de la época y los que le sucedieron.

Mi niña y yo éramos inseparables y si no nos dejaban entrar en algun comercio ellos perdían la ganancia. Luego entendimos que en determinadas ocasiones se tenía que quedar fuera a esperar a que yo comprara la merienda de la tarde, pero procuraba tardar lo menos posible y siempre salía con alguna pequeña recompensa para ella por haber sido tan buena y haberme esperado ("sé buena y no te vayas con nadie" -era lo que siempre le decía- "y si alguien te quiere hacer daño le gruñes y listo").

Jamás le dí órdenes ni la adiestré como a un mono de circo y me hacía más caso que muchos otros
perros con sus dueños... Eso si, era atascá como una mula y siempre teníamos peleas porque había que ir por esa calle y no por la otra-"¡Dana ( tirando yo de la correa) por aqui! Demonío de perra que siempre tiene que ser por donde ella dice...- aunque la mayoría de las veces íbamos por donde yo decía y no por mitad de la carretera en busca de las galletas que el niño de la sillita de ruedas había tirado en el suelo. 

Le daban mucho miedo los petardos -que mal la Noche de San Juan y las semanas precedentes, que mal los Carthagineses y Romanos, que mal La Semana Santa y que mal las fiestas sin fuste que la Barreiro se sacaba de la manga- pero más sufría yo que ella cada vez que tiraban alguno sólo de ver lo mal que lo pasaba la pobrecita.

Tenía un montón de defectos pero la mayoría eran virtudes, mas en sus más humildes defectos nunca estuvo el de morder a nadie, ¡así que acabemos ya con esa estúpida etiqueta de "perros asesinos"!, ni el de gruñir al cartero, ni el de ser un perro maleducado. Con la edad se le agrió el caracter, pero con 10 años a cuestas, al cambio 70 años de un hombre, y con todo vivido ¡qué más le quedaba que renegar de vez en cuando! Creo que era lo justo.

De lo que nunca tendré duda es del amor que me tenía y de esa fidelidad y compañia que siempre me ha hecho y que ahora me va a costar un monton substituirla.

[Tengo otra perrita que es un dálmata sordito de tres años llamado Neska Polita ( aunque como no oye, jijiji, la llamo Canija ) que hoy está muy, muy  triste y yo como su dueña tengo que ayudarla a que no coja depresión ni ansiedad y que disfrute y que olvide porque aún es joven y pienso que le resultará más facil superarlo. Claro, que mañana viene su adiestrador y psicólogo canino a verla y a decirme que es lo que debo hacer. De momento hoy jugar mucho y correr hasta que se agote y para que esta noche duerma tranquila... Y un poco de monte a mi hoy tampoco me va a venir mal.]

Dana pasó de ser mi perra a ser mi amiga, compañera, confidente, quien me consolaba cuando estaba triste, quien me obligaba a salir a la calle si estaba con depre o tristona, la que me hacía dar largos paseos por la Rambla de Benipila en Cartagena y la que hizo que tuviera un excelente brazo para lanzarle piedras para que corriera. Yo me convertí en su entranadora, su enfermera, la que le mordía las orejas y la que todas las noche antes de ir a la cama le daba un besito entre los ojos, en esa línea blanca de pelo tan bonito que tenía y le decía " te quiero" al oido. Entonces ella me daba un chupetón en toda la cara y se comía todos los potingues cosméticos que me terminaba de poner. No sé todavía si el lametón me lo daba porque las cremas olían muy bien o porque me entendía, pero claro... también me los daba cuando tenía la cara sucia o iba recién maquillada ( la "muy cabrona" hacía que me pintara otra vez: estratégias para pasar un rato más viéndome) y tambien llovian lametones cuando yo estaba llorando y me abrazaba a ella y me daba tantos que al final me daba por reir de lo agobiante que se ponía.

Esta mañana tambien le he dado un beso y le he dicho, "pronto nos veremos, no olvides lo importante que has sido para mi y lo mucho que te quiero y te seguiré queriendo". No sé si me habrá oido bien porque ya tenía los calmantes puestos y le iban a poner la anestesia para despues ponerle la inyección que por fin terminara con su larga y agonizante semana.

Tal vez lo del cielo de los perros se lo cuantan a los niños pequeños cuando se les muere una mascota para que estén tranquilos. Yo no creo en esas idioteces.

Sé que ahora está en mi corazón y que mañana sus cenizas estarán en el arbol más bonito de mi nueva casa  -que ella nunca llegó a estrenar-, en el olivo y que está en todo lo que miro a mi alrededor en estos momentos y a partir de ahora y para siempre: Cartagena entera.

Dulces sueños mi niña. Te quiero.

Tu dueña.



 

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